
Voy a empezar por por la parte más compleja
La semana pasada necesitaste resolver algo en tu empresa. Un proveedor nuevo, una herramienta, un especialista para un tema que tu gente no domina.
Y antes de llamarle a alguien, agarraste el celular y le preguntaste…
A lo mejor fue ChatGPT. A lo mejor Gemini o Perplexity, o hasta el buscador de tu celular que ahora también te contesta con un párrafo en vez de una lista de páginas. Le escribiste tu problema con tus palabras, como si se lo contaras a un conocido en el pasillo, y la máquina te respondió con dos o tres nombres y una razón de por qué cada uno.
De esa lista cortita elegiste a quién marcarle.
Ni siquiera entraste a diez páginas a comparar. La máquina ya comparó por ti.
Ahora quiero que hagas un esfuerzo y te pongas «del otro lado del mostrador».
Tu cliente hizo exactamente lo mismo. Tuvo un problema que tú resuelves, tomó el teléfono, y le preguntó a la IA quién podía ayudarle.
Y la pregunta que de verdad importa no es si tu nombre salió primero.
Es si tu nombre salió.
Porque si no saliste, tu cliente nunca supo que existes. Y eso no es que te haya descartado. Es peor. Ni siquiera llegaste a la lista para que te descartaran.
Durante quince años el tema era salir en los primeros lugares en Google. No se si se acabó pero si cambió.
Casi todo el marketing digital de los últimos años giró alrededor de una sola idea: aparecer en Google. A eso se le llama SEO. (que es el trabajo de pelear para que tu página salga arriba cuando alguien teclea en Google lo que tú ofreces)
Google le mostraba diez resultados, y ella entraba a varios para comparar antes de decidir. Tu trabajo era estar entre esos diez y, con suerte, hasta arriba.
Eso todavía pasa. Pero cada vez pasa menos.
Hoy mucha gente ya no quiere diez resultados. Quiere una respuesta. Y la IA se la dan masticada, en un solo párrafo, sin que la persona tenga que entrar a ninguna página.
Aquí están los números.
Casi seis de cada diez búsquedas hoy terminan sin que la persona entre a ningún sitio. Encuentra su respuesta ahí mismo y se va. A eso, en el medio, le dicen «cero clic», y significa justo eso: nadie tocó tu puerta. – The Spot
La consultora Gartner calcula que el uso de la búsqueda tradicional, la de toda la vida, va a caer alrededor de 25% en 2026. Una cuarta parte. No es poca cosa. – Mersel AI
Y de toda la gente que ya le pregunta a una máquina en vez de buscar a la antigua, cerca de cuatro de cada diez lo hacen en ChatGPT. – LLMRefs
Junta las tres cosas y la respuesta es clara. El primer filtro de tu cliente, el momento en que decide a quién va a considerar, cada vez pasa más adentro de una herramienta de IA y menos en Google. Y tú, hasta hoy, no estás trabajando para salir justo ahí en ese momento (ni nosotros!!!)
¡Aquí viene lo más relevante de esta reflexión-análisis!
Dos temas que hay que valorar:
La primera. Puedes estar en el primer lugar de Google y aun así ser invisible para la IA. Son dos cosas distintas. Llevas años (y dinero) optimizando tu posición en un buscador que cada vez decide menos. Que salgas arriba en Google ya no garantiza que la Inteligencia Artficial te nombre cuando tu cliente pregunta.
La segunda es todavía más rara. Mientras más bonita y vaga sea la forma en que describes lo que haces, peor te entiende la IA.
Piénsalo con tu propia página. Seguramente arriba tienes una frase tipo «soluciones que impulsan tu crecimiento» o «tu aliado estratégico de confianza». Suena bien pero a la IA no le dice nada. No entiende qué vendes, ni para quién, ni qué problema resuelves.
Y si no te entiende, no te puede recomendar. Así de simple.
La IA no premia lo ingenioso. Premia lo claro.
El número que cambió de nombre
Antes, para medir qué tan «fuerte» eras en internet, se usaba algo llamado autoridad de dominio. En corto, era qué tanto confiaba Google en tu página. Mientras más sitios serios te mencionaban y te enlazaban, más confiaba Google, y más arriba salías.
Ese número sigue existiendo. Pero ya no es el que manda.
El número que hoy decide si entras o no a la conversación es otro es tu cuota de respuesta.
Tu cuota de respuesta es algo muy concreto: de todas las veces que alguien le pregunta a una IA por lo que tú vendes, ¿en cuántas aparece tu nombre?
Eso es lo nuevo que tienes que vigilar. No cuánta gente entró a tu página. Cuántas veces la IA te nombró cuando importaba.
Para trabajarlo ordenado, uso un método de cuatro pasos. Le llamo CITA, porque ese es justo el objetivo: que la máquina te cite, que te nombre.
Cuatro pasos. Te los explico uno por uno, con lo que tendrías que hacer rápida y constantemente.
C de Conversación: primero averigua qué dice la IA de ti
No muevas nada todavía. Primero ve cómo estás parado hoy.
Abre ChatGPT. Después abre Perplexity, Gemini y Claude, que son las otras LLM que tu cliente podría estar usando.
Y a cada una hazle las preguntas que haría tu cliente. Ojo con esto, porque es clave: no le preguntes «háblame de mi empresa». Eso no sirve. Pregúntale lo que preguntaría alguien que todavía no te conoce.
Por ejemplo: «¿cuáles son las mejores opciones de [lo que tú vendes] en [tu ciudad]?». O: «tengo este problema, ¿qué empresa me conviene para resolverlo?».
Anota tres cosas. Si apareces. En qué lugar apareces. Y qué dice de ti.
Prepárate, porque te vas a llevar dos sorpresas.
La primera, que a lo mejor no apareces. Nada. Como si no existieras.
La segunda, que cuando sí apareces, la máquina a veces dice de ti cosas viejas o de plano equivocadas. Un dato de hace tres años, un servicio que ya no das, un dato que nunca fue cierto.
Eso que acabas de ver es tu punto de partida. Sin esa foto, todo lo demás es adivinar.
Un detalle importante: revísalo en varias máquinas, no solo en una. Cada una decide a quién nombrar con criterios distintos, así que puedes salir bien en una y desaparecer en otra. Conviene saberlo desde el principio.
Si quieres sacarle más jugo a esas preguntas en vez de quedarte en la superficie, ya expliqué cómo armar buenas preguntas para la máquina en el artículo del PDEI [enlace interno].
I de Inteligible: que la máquina te pueda leer y copiar
Esta palabra, inteligible, solo significa una cosa: que se entienda.
La IA no te puede recomendar si no te puede leer y copiar con facilidad. y algo crítico está pasando aquí por que las páginas web estos últimos 5 años han pasado para varios a «2do termino o prioridad» por que se pensó que las redes sociales lo reemplazarían y quienes la tienen bien actualizada, la tienen para impresionar, no para que se entienda.
La regla es sencilla, aunque vaya en contra de todo el texto bonito que te vendieron: responde primero, adorna después.
Cada sección de tu página debe empezar con la respuesta directa, en una frase que cualquiera pueda copiar y pegar tal cual. Después, si quieres, el contexto y el detalle.
¿Por qué? Porque la IA toma justo esas frases directas para meterlas en su respuesta. Si tu página es un bloque de «texto poético» sin una sola frase que se pueda copiar sola, la IA no encuentra qué tomar de ti. Y se va con el competidor que sí le facilitó la interpretación. – LLMRefs
Tres cosas más, fáciles de pedirle a quien te lleva la página:
Una. Pon los datos con su fuente. Si dices un número, di de dónde salió. Una afirmación sin respaldo pierde fuerza con la máquina, igual que la perdería contigo en una junta si alguien suelta una cifra sin saber de dónde la sacó.
Dos. Arma una sección de preguntas y respuestas con las dudas reales de tu cliente, y pídele a tu técnico que las «etiquete» por dentro. Esas etiquetas son invisibles para tu cliente, pero le dicen a la máquina «esto es una pregunta y esto es su respuesta». En el medio le dicen schema. Tú no tienes que saber hacerlo, solo tienes que saber pedirlo.
Tres. Vas a oír de un archivo que se llama llms.txt, que «supuestamente le abre la puerta a la IA». Pónselo, no cuesta nada. Pero no es la «fórmula de la coca-cola» ni dejes que te lo vendan caro: un estudio de 300 mil sitios no encontró que tener ese archivo te haga aparecer más. No es la solución mágica.
T de Testimonio: lo que otros dicen de ti, no solo lo que tú dices
Esta es la parte que no depende solo de ti. Y es, justamente, la más importante.
La IA no se cree todo lo que tú dices de ti en tu propia página. Sería como creerle a alguien solo porque él mismo dice que es el mejor. La máquina hace lo que harías tú: te checa con otros.
Cruza lo que tú dices con lo que dicen de ti en otros lados que ella ya considera serios. Notas en revistas de tu industria. Artículos donde te mencionan. Listas donde sales como referencia. Conversaciones en LinkedIn o en foros donde tu nombre aparece pegado al problema que resuelves.
Te lo pongo en una frase para que no se te olvide. Si lo único que existe de ti en internet es tu propia página, eres un testigo solo. Y un testigo solo, que además habla bien de sí mismo, no convence a nadie. Ni a un juez, ni a una máquina, ni a tu cliente.
Por eso ese trabajo que siempre dejaste para después, el de que te mencionen por fuera, hoy vale más que nunca. No es ego. Es que esas menciones son las que hacen que la máquina se anime a recomendarte.
A de Actualización: esto no se hace una vez y ya
El último paso es el que más cuesta aceptar a un director ocupado, porque quisiéramos hacer las cosas una vez y olvidarnos. Pero no.
La IA tiene debilidad por lo nuevo. Lo que no se toca en tres meses lo empiezan a nombrar menos. Aquel texto buenísimo que pusiste hace dos años, para la máquina ya huele a viejo. -LMMRefs
Entonces la búsqueda debería ser la siguiente: Cada tres meses, le das una repasada a tus páginas principales. Y vuelves a hacer el primer paso, el de preguntarle a la IA, para ver si ahora sí sales más que antes.
Eso es lo que mides. No las visitas a tu página. Tu cuota de respuesta. Porque hoy en donde cuatro de cada diez ya no hacen clic, medir solo las visitas no te ayudará a posicionarte en esta nueva forma de destacar.
Comparto ejemplo
Imagina que diriges una empresa de equipo industrial aquí en el norte. Llevas años invirtiendo en salir bien en Google y, de hecho, sales bien. Tienes buena posición. Hasta ahí, todo bien.
Haces el primer paso. Abres ChatGPT y le preguntas qué proveedores recomienda para una planta en Mexicali.
No apareces.
Aparecen dos competidores más chicos que tú. Y, para colmo, un distribuidor que ni siquiera fabrica, solo revende.
Vas a ver por qué pasó. Te metes a tu propia página con otros ojos y te das cuenta de que está llena de frases de adorno («soluciones a la medida de tu operación») y vacía de respuestas claras. No hay una sola página que diga, en seco y sin rodeos, qué proveedor conviene para qué necesidad. Tus competidores sí la tienen. Mal escrita, fea, pero la tienen.
Algo relevante. A ellos los mencionó una revista del sector en un par de notas. A ti, en ninguna, porque nunca te pareció que valiera la pena perseguir esas menciones. Ese descuido que parecía un detalle es justo lo que la IA lee como «a este nadie lo respalda».
¿Qué haces los siguientes dos meses? Nada del otro mundo.
Reescribes tus páginas principales empezando por la respuesta directa. Creas las páginas de preguntas y respuestas que nunca tuviste. Y trabajas duro para que te mencionen en dos o tres lugares que la máquina respeta.
A los noventa días vuelves a preguntarle a la máquina. No vas a salir de primero de un día para otro, no te voy a mentir. Pero vas a salir. Y salir es toda la diferencia entre que tu cliente te considere o que ni se entere de que existes.
«¿Y esto va a pasar o se va a quedar para el futuro?»
Lo que cambió no es ChatGPT. Lo que cambió es que tu cliente se acostumbró a pedirle a una Inteligencia Artificial que le diga a quién considerar, en lugar de ponerse a investigar él solo. Esa costumbre ya está instalada. Aunque mañana ChatGPT desapareciera y llegara otra cosa con otro nombre, la costumbre se queda.
Y las costumbres, una vez que agarran, no se devuelven.
Comparto lo más preocupante
Te dejo con lo que me quita el sueño a mí, y debería quitártelo a ti.
Ahora mismo, mientras lees esto, la IA ya se están formando una opinión sobre tu sector. Ya están decidiendo a quién nombrar cuando alguien pregunta. Esa conversación está pasando con o sin ti.
En esta lógica la peor posición no es la del segundo lugar. Es la del que no aparece.
Lo otro es el tiempo, y esto sí es una ventaja que tienes hoy y no vas a tener mañana.
Esto todavía está vacío. Hay sectores enteros donde nadie ha hecho la tarea, donde la IA nombra a quien encuentra nada más porque no hay nadie mejor preparado. El primero que llega a ser la fuente confiable se queda de fuente. Una vez que la IA te toma como la referencia de un tema, tiende a repetirte también en las preguntas parecidas.
Esa ventana se va a cerrar. No hoy, no mañana. Pero se va a cerrar. Y el día que tu competencia ya sea la respuesta por default de tu mercado, vas a tener que gastar el triple para moverla de ahí.
Así que la pregunta no es si vas a trabajar para que las IA te mencione.
La pregunta es si lo vas a hacer ahora, que está barato y vacío, o después, cuando ya no te quede de otra y todos estén haciendo lo mismo.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no aparezco en ChatGPT si soy de los líderes en mi sector?
Porque vender mucho no es lo mismo que estar bien explicado para una máquina. La máquina no ve tu facturación. Ve qué tan claro está lo que dices de ti y cuánto te respaldan otros por fuera. Un líder con la página llena de frases de adorno y sin menciones externas pierde contra un competidor más chico que sí dejó las cosas claras.
¿Entonces el SEO, lo de salir en Google, ya no sirve?
Sí sirve, y mucho. Las máquinas todavía se apoyan en buena parte del trabajo que ya hiciste para Google. No tires nada. Solo súmale una capa nueva: dejar de pelear únicamente por salir arriba y empezar a trabajar para que la máquina te nombre.
¿Cómo sé qué están diciendo las máquinas de mi marca?
Pregúntales tú mismo, como lo haría tu cliente, en ChatGPT, Perplexity, Gemini y Claude. Apunta si sales, en qué lugar y qué dicen. Hazlo cada tres meses. Esa es tu medición de verdad, mucho más útil que un reporte de visitas.
¿Vale la pena el famoso archivo llms.txt?
Poco, por ahora. Es barato y no estorba, así que pónselo. Pero los datos no muestran que por sí solo te haga aparecer más. Pesa muchísimo más cómo está escrita tu página y cuánto te mencionan por fuera.
¿En cuánto tiempo se ven resultados?
Si ya tienes algo de nombre, en semanas. Si empiezas desde cero, cuenta entre tres y seis meses. La buena noticia es que se acumula: una vez que la máquina te empieza a tomar como referencia, te sostiene en las preguntas relacionadas.
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